Se acabó, pero ni por esas

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Se acabó. Por fin terminó la obra. Se acabaron los interminables ruidos de martillazos, radiales y demás. Ya no hay escombros en ningún sitio, tan solo maquinaria que esta semana también desaparecerá. Se acabó el trasiego continuo de gente llevando sacos, picando, trayendo sacos, enfoscando, llevando sacos, pintando, trayendo sacos... Debería estar contenta, al fin y al cabo llevo cuatro meses quejándome ¿no?

Pero es que sigo durmiendo muy raramente. Primero estoy una semana sin dormir, para pasar por otra que si no me duermo con la cuchara en la boca, o bajo la ducha o mientras plancho es de puro milagro. Mantener los ojos abiertos me cuesta todo un triunfo y solo me apetece meterme en la cama y que me dejen en paz. ¿Será cosa de la edad? Tengo frío casi todo el tiempo, por dentro y por fuera y tengo una sensación de aburrimiento continuo ¿será cosa de este duro invierno?

Cuando duermo sueño cosas raras. Que salgo de mi casa pero la calle no es la misma, no la conozco y no sé donde estoy; que me compro un coche (eso sí, descapotable que para eso es mi sueño) y me pierdo en mitad de la nada, no hay casas no hay gente, solo polvo y arena. En ellos siempre estoy sola incluso en la calle, con una ligera sensación de desasosiego. ¿Será cosa de la gilipollez?

En fin, que no me consuelo porque no me da la gana, esta claro. Si llueve porque llueve, si hace sol, mejor en casa que hace frío, si hay obra porque es un latazo, si no pues que me aburro, si duermo, malo porque sueño, si no duermo, peor porque no descanso...

Conclusión: Que estoy pocha y acarajotá, que diría mi padre si estuviese aquí. ¿Será mi destino? A ver si yo, al contrario que Fito, sí puedo cogerle, pero por los mismísimos.

Gris

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Estoy harta de horas grises y de días grises. Estoy cansada de este invierno gris en el que la lluvia parece no tener fin. Creo que cuando acabe (si acaba) también yo me habré vuelto gris. Estoy cansada de pensar y últimamente me siento rodeada de silencio, vacío y desilusión. Tengo la sensación de que los días pasan sin pena ni gloria, que son todos exactamente iguales y si noto la diferencia entre lunes o viernes es porque en este me toca planchar antes de irme o en aquel me toca cambiar las sábanas. Por lo demás todo es igual. A un día gris le sucede otro igual, haciendo la mismas cosas, pensando las mismas cosas, con la única excepción de dar gracias si he logrado dormir cinco horas seguidas. Estoy llena de apatía y de pereza y hace ya mucho que ni siquiera me planteo aquello de que "hoy puede ser un gran día".

Creo que mi vida necesita algo de chispita, algo que me haga volver a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, algo que me haga alcanzar a todos los que van unos pasos por delante de mí. Así que en cuanto acabe de desahogarme en este post voy a bajar a la calle y ya que tengo que ir sola a comprar para dar de cenar a la familia, voy a comprarme un par de donuts de chocolate, de esos que engordan el ánimo y también las caderas porque a mi edad los kilos llegan a visitarte para no irse jamás. No es mucho, pero algo es algo.

Así que si alguien se apunta, aprovecharos que hoy invito yo.

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