Sí, ya sé que es octubre, que no es septiembre pero no voy a llamar a un post "octubre" cuando lo que cuento ha pasado en septiembre, estemos en el mes que estemos ¿no? Además, una es lenta, por no mencionar que los meses pasan a una velocidad que es una barbaridad.
Qué bonito, me ha salido un pareado.
En fin, a lo que iba. Que en septiembre me pasa todos los años lo mismo
Ando más pelá que un aparcacoches en la luna. Para empezar en mi casa no se sabe lo que es una paga extra y yo no trabajo ni julio ni agosto, cosa que mola bastante en cuanto al verano que me pego, pero que hace que mi economía y por ende mi nevera, anden a un nivel, podríamos calificarlo suavemente de paupérrimo.
Bueno, más o menos.
Y llega septiembre. Y con él, y sin sorpresas, los libros del colegio. Y este año, sin beca para más inri.
Después de maldecir (como todos los años) para mis adentros, que una esta bien educada, por el precio abusivo de los libros, pagué uno detrás de otro (como todos los años) los 320 eurazos correspondientes. Y hasta aquí todo normal (vamos, con el cabreo normal de todos los años).
Pero el profesorado de mi hija me tenía reservada una sorpresa. Por lo visto el AMPA se ha quejado de lo cargados que van los chicos al colegio, cosa por otra parte en que no les falta un ápice de razón. Mi hija entra a las 8 y media y sale a las 3 y tiene por día siete asignaturas. Por lo tanto, pasea por el barrio, siete libros y sus correspondientes cuadernos, más estuche y demás utensilios de trabajo. Resumiendo, que va como un mulo. Así que este año han encontrado la solución: cortar los libros por temas y llevar solo las hojas que van necesitando.
Y yo, a quien pintar un libro le parece el peor de los pecados, que pongo etiquetitas en los forros por no escribir en ellos, que los doy al colegio en fin de curso para que otros puedan volver a usarlos y así aprovecharlos, vamos que los cuido y recuido, me senté con 320 euros en libros de texto nuevitos ante mí y un cuter en la mano dispuesta a sacrificar mi vida eterna en pro de la espalda de mi hija. Y ella, aunque encantada de la vida, (mi hija, no su espalda que supongo que también) al ver como temblaba mi mano y la cara de sufrimiento que debía de tener, me dijo que si lo pasaba tan mal no los rompiera, que ella estaba dispuesta a seguir echándoselos nuevamente a la espalda. Por un brevísimo momento estuve tentada a guardar el cuter sin usarlo, al fin y al cabo (pensé) ¿no lleva así unos cuantos años y no la ha pasado nunca nada y bla bla bla...?
En fin, hecho está; todo sea por el bien de nuestros hijos, pero creo que de esta voy derechita al infierno.
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