Estas son las vueltas curiosas de la vida.
Pero bueno, el caso es que después de un sábado loco en casa, eso es, sin hacer absolutamente nada me he levantado yo con un ánimo optimista, de esos de hagamos de cada día una fiesta, con lo que a veces te sorprende la vida. Y eso que a mí los domingos como que no me gustan demasiado, sobre todo porque inmediatamente detrás hay un lunes. Y con mi ánimo festivo y bastante tiempo por delante sin nada que hacer hasta que empezara la esperada Formula 1, el partido del Barça y luego el derby madrileño, me he dicho: pues vamos haciendo tiempo montando un mueble. De Ikea, claro. Montar un mueble de Ikea es uno de esos pequeños placeres que te da la vida. Porque la verdad, es fácil, muy fácil y suelen quedar bastante luciditos. Lo único complicado es sujetar las cinco baldas a la vez sólo contando con dos manos, dos pies y la boca. Por lo demás es sencillo. Solo hay que atornillar los tornillos (lógico) con esas llavecitas tan monas y pequeñas que te regalan en cada mueble, de las que, por cierto, debo tener cientos y prepararte para que por cada vuelta que consigues dar al tornillo, la llave se te caiga tres veces. Montar el mueble lo he montado, mono me ha quedado monísimo, pero eso sí, tanto agacharme sin soltar las baldas me han dejado los riñones al jerez.
Resultado, que ahora tengo mucho más espacio para acumular mierdas varias, aunque el baño parece haber encogido sutilmente de tamaño. Además, la carrera ha sido buena y Alonso sigue teniendo posibilidades. Sólo queda para redondearlo que el Getafe resista y el Madrid golee. Veremos.
